Cuando el calor en la ciudad depende de los edificios y la realidad socioecnómica de cada barrio

Las olas de calor ya no son una anomalía estival, sino una de las amenazas más graves y directas contra la salud pública en los entornos urbanos. Sin embargo, el calor no castiga a todos por igual. Un reciente estudio desarrollado por el grupo de investigación SAREN de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), en el marco del proyecto OLADAPT, ha puesto cifras y mapas a esta realidad: el riesgo de sufrir los estragos de las altas temperaturas varía drásticamente de un barrio a otro, e incluso entre edificios contiguos.

Al analizar la realidad de tres ciudades con climas muy diversos como Bilbao, Madrid y Cáceres, el equipo investigador ha demostrado que la vulnerabilidad térmica no es solo una cuestión de termómetros, sino de geografía y economía. Los datos revelan que el impacto del calor extremo se ceba con los vecindarios de rentas más bajas y con un parque edificatorio envejecido, donde las familias tienen menos recursos para aislar sus hogares o protegerse de la radiación.

Esta radiografía detallada subraya que ya no basta con diseñar políticas climáticas generales para toda la ciudad. Los equipos científicos han identificado los denominados hotspots o puntos calientes urbanos, que exigen una intervención. El gran desafío al que se enfrentan ahora las administraciones locales, la arquitectura y el urbanismo es cómo actuar de manera eficaz sobre esos edificios y espacios públicos señalados en los mapas de riesgo. Diagnosticar el problema es indispensable, pero el verdadero pulso se libra en la fase de ejecución.

Del diagnóstico a la innovación en el material

Para que la planificación urbana y las estrategias de adaptación dejen de ser meras declaraciones de intenciones sobre el papel, es necesario transformar las herramientas de construcción desde su origen. En este escenario es donde la ciencia de materiales y la tecnología aplicada se convierten en la primera línea de defensa, en una solución posible hoy día.

Frente al modelo tradicional de ciudad —plagado de superficies de cemento que absorben, almacenan el calor—, las soluciones tecnológicas avanzadas como las desarrolladas desde Phokrete plantean un cambio de paradigma: dotar a la edificación y al urbanismo de una capacidad innata de enfriamiento a través del mortero fotónico.

Esta tecnología integrada actúa directamente sobre la envolvente de la ciudad (pavimentos, cubiertas y fachadas) para neutralizar el efecto isla de calor urbano mediante tres palancas clave:

  • Mitigación térmica superficial: Frenan la absorción de calor en pavimentos, fachadas y cubiertas porque reflejan la radiación solar y logran que los materiales no actúen como acumuladores ni radiadores de calor hacia las calles.
  • Protección activa de los barrios vulnerables: Permiten rehabilitar de forma directa los edificios de aquellas zonas identificadas en los mapas de riesgo como más expuestas y mejoran el confort interior en los hogares con menores recursos.
  • Reducción de la dependencia energética: Aportan una capacidad innata de enfriamiento directamente desde la estructura, con lo que recortan el consumo masivo de aire acondicionado y los costes de climatización artificial.

La hoja de ruta para frenar el calor asfixiante de nuestras ciudades pasa por unir la precisión científica del análisis multiescala —como el que abanderan desde EHU— con el uso de los materiales inteligentes. Solo así el código postal dejará de ser una sentencia de vulnerabilidad frente al calor extremo, y convertirá las urbes en espacios habitables para la vida, perfectamente preparados para el nuevo escenario climático.

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Sobre el proyecto OLADAPT de EHU: https://www.ehu.eus/es/web/campusa/-/la-vulnerabilidad-frente-a-la-olas-de-calor-varia-mucho-de-una-zona-a-otra-en-las-ciudades

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